Jose Guillermo Dominguez
Director de académica de la instituciónLo ocurrido entre Estados Unidos y Venezuela ha vuelto a encender un debate fuerte en la política internacional, especialmente en torno a dos temas clave: la soberanía y las verdaderas motivaciones de una posible intervención militar.
La soberanía, en términos simples, es el derecho que tiene un país a decidir sobre su propio territorio y su política interna sin interferencias extranjeras. Desde esta mirada, muchos críticos sostienen que cualquier acción militar extranjera sin autorización internacional clara constituye una violación directa de ese principio. Para esta postura, no importa el discurso que se utilice: intervenir militarmente en Venezuela sería, en los hechos, una invasión que debilita el orden internacional y abre un precedente peligroso.
Del otro lado, la postura defendida por Estados Unidos plantea que la soberanía no puede ser entendida como algo absoluto. Argumentan que cuando un Estado pierde control, permite el avance del crimen organizado o genera inestabilidad más allá de sus fronteras, la comunidad internacional tiene margen para actuar por razones de seguridad regional. Desde esta visión, la intervención se justifica como una medida excepcional para contener amenazas como el narcotráfico o el deterioro institucional.
A esto se suma la polémica sobre las motivaciones reales. Para los sectores críticos, detrás del discurso de seguridad y democracia existen intereses geopolíticos y económicos, especialmente ligados a los recursos energéticos y a la influencia regional. En cambio, quienes defienden a Estados Unidos sostienen que una intervención implica costos demasiado altos como para reducirla solo a intereses económicos, y que el objetivo principal sería evitar que la crisis venezolana se siga expandiendo.
¿La soberanía debe respetarse siempre, incluso en contextos de crisis profunda?
¿Hasta dónde puede llegar una intervención extranjera en nombre de la seguridad?
¿Intervención necesaria o intereses estratégicos disfrazados?