Victor Luis Peña Valdez
Miembro activo de la instituciónHace unos días vimos la agresión a un dirigente afín al evismo en inmediaciones de la Plaza 24 de Septiembre, en un contexto marcado por tensiones políticas y rechazo a posibles bloqueos y movilizaciones en el país.
En Santa Cruz, los bloqueos no son un tema menor. Para muchos representan pérdidas económicas, paralización del trabajo, dificultades en el transporte y afectaciones directas a miles de familias que viven del día a día. Existe un cansancio acumulado frente a conflictos que terminan frenando la producción y alterando la normalidad de la ciudad.
Por un lado, hay quienes consideran que una reacción firme es una forma de defender a Santa Cruz frente a medidas y actores políticos que históricamente han sido asociados con bloqueos y confrontación. Sostienen que la población tiene derecho a expresar su rechazo cuando siente amenazada su estabilidad y su forma de vida.
Por otro lado, muchos consideran que ninguna diferencia política puede justificar agresiones o actos de violencia. Porque cuando una persona pierde derechos por ser rechazada o pensar distinto, el debate deja de ser político y entra en una línea mucho más delicada.
Entonces surgen las preguntas:
¿Dónde termina la defensa y dónde comienza la violencia?
¿El rechazo hacia una persona o movimiento puede justificar ciertas acciones?
¿Santa Cruz se defendió o cruzó la raya?