María Teresa Serrano
Miembro activo de la instituciónEl pasado 24 de junio dos sismos consecutivos sacudieron el norte de Venezuela, un fenómeno conocido como "doblete sísmico". Al ser clasificados como sismos mayores (los más fuertes registrados en Venezuela desde hace más de un siglo), se han registrado nueve réplicas de menor magnitud en el país a medida que las placas tectónicas comienzan a estabilizarse. Se estima que casi 59.000 edificios en territorio venezolano sufrieron daños e incluso colapsos totales a causa de este fenómeno natural. Actualmente se han reportado más de 3.000 fallecidos, 16.000 heridos y 50.000 desaparecidos. Los equipos de búsqueda y rescate nacionales han sido insuficientes ante esta crisis, por lo que equipos de emergencia de diferentes lugares del mundo han colaborado con el pueblo venezolano mediante donaciones o voluntarios.
La Red Sismológica de los Andes Venezolanos señala que el terremoto no fue completamente inesperado para la ciencia, ya que Venezuela se encuentra sobre un sistema de fallas tectónicas debido a la interacción entre las placas del Caribe y Sudamérica. Existían alertas científicas previas, a la espera de un terremoto de gran magnitud en Venezuela debido a su actividad sísmica recurrente. La energía se acumula durante años hasta luego liberarse en forma de grandes sismos. Sin embargo, la capacidad de monitoreo se vio debilitada y desatendida en los últimos años por la falta de fondos y otras problemáticas que han influido en la crisis venezolana. Esta falta de monitoreo llevó al país a depender de información sísmica emitida mayormente por parte de organismos internacionales.
De igual manera, es evidente que muchas construcciones no cumplían con la normativa sísmica de construcción, demostrando una falta de fiscalización de la construcción de las edificaciones venezolanas. El 80 % de los edificios colapsados en Venezuela son de desarrollo privado, por lo que este fallo de construcción no puede ser atribuido solo a las edificaciones sociales y de bajo costo, sino también a las edificaciones privadas de lujo que también fueron destruidas durante los movimientos sísmicos. En internet circulan videos que denuncian el uso de materiales como poliestireno expandido y la ausencia de acero en los pilares principales de las construcciones en ruinas, como argumentos principales de la negligencia en la construcción de viviendas.
Como recurso de ayuda en la reconstrucción de la vida de las personas afectadas por este desastre, el gobierno de Venezuela anunció la creación de un fondo inicial de 200 millones de dólares destinado principalmente a la reconstrucción de las zonas afectadas por los dos potentes terremotos que sacudieron el país.
El impacto, tanto social como económico, que este fenómeno ha tenido para la comunidad venezolana ha llevado a múltiples preguntas en la comunidad internacional. Es evidente que habría sido distinto el impacto con una mejor preparación y respuesta. La falla en los materiales de construcción, la falta de monitoreo en el sistema sísmico y la falta de equipo para la búsqueda de sobrevivientes son algunos de los problemas que han llevado a la escalada de esta crisis. Ahora el pueblo venezolano enfrenta el desafío de reconstruir la vida de las personas que perdieron sus hogares, bienes y seres queridos.
La ayuda humanitaria y económica para reconstruir los daños de los sismos, ¿debería ser brindada por el gobierno actual, la comunidad internacional o las empresas constructoras con fallas en sus edificaciones? ¿Qué clase de medidas políticas deberían plantearse como medidas de prevención futuras y de gestión rápida de crisis sísmicas?